Es gratificante que llegues a otro lugar del mundo, digas que eres colombiano y no te reconozcan por ser del país de Pablo Escobar, la cocaína o de algunos artistas como Shakira, que no representan en lo absoluto la cultura de este único país suramericano que se encuentra rodeado de dos océanos que fueron escenarios de esclavitud.

 Pero es totalmente una satisfacción que te pregunten de que país eres, respondas: Colombia, y te griten con una sonrisa de total admiración ¡CUMBIA!

 Las vibraciones musicales de este ritmo caribeño, inconscientemente nos llevan a danzar nuestros hombros y caderas. Inconscientemente desde niños  nos vinculamos con ella, escuchando la gaita acompañada de la batida de percusión. Inconscientemente asociamos el color blanco, la pollera que la mujer usa, la vela, etc; pero así mismo inconscientemente no sabemos nada acerca de las raíces y todo el entorno sociocultural que la Cumbia representa para nosotros los colombianos.

 Aquellas cantigas gritadas que en mí caso siempre asocie con lamentos, tienen una historia mágica que une nuestras raíces africanas, indígenas y españolas directamente desde el contacto con la tierra. Este género musical que para muchos colombianos es insignificante, se misturo con el fluir del río Magdalena y hoy en día hace parte de toda una frecuencia histórica de resistencia.

 La región atlántica contó con una gran influencia africana, debido al gran flujo de esclavos africanos que fueron traídos por los españoles durante la conquista.

 Diversas historias se han ido adueñando del nacimiento de la Cumbia; pero el hecho que no varia en este cuento de tambores, es la influencia de todo un proceso histórico y  la demostración de la lucha del hombre negro por conquistar a la mujer indígena, para la creación de una generación mestiza que daría origen a lo que hoy en día somos.

 Los indígenas y los negros fueron víctimas de una dominación por parte de los españoles, que más allá de ver las riquezas que estas razas aportaban al mundo, se quisieron aprovechar por medio del poder que se vincula con la avaricia por tener oro.

 En medio de ese mundo de represión, la naturaleza africana e indígena que estaba vibrando en los asentamientos esclavistas que se ubicaban cerca de los puertos por donde ingresaron los esclavos, los negros podían exteriorizarse o expresarse con un poco más de “libertad” y tener un mínimo contacto con los indígenas. Esta interacción llevó a que el hombre africano creara las ganas de conquistar el amor por las bellas indígenas del territorio.

 Aunque es muy difícil señalar el lugar concreto del nacimiento de este ritmo, podemos hacer una generalización de territorio. La costa Caribe colombiana cerca de Santa Marta y Cartagena son el escenario más lógico.

 Los negros africanos aportando a una estructura rítmica y de percusión, daban esos gritos de lamento con intención de conquista para ser escuchados por las exóticas indias, que delicadamente danzaban esas ondas sonoras con el movimiento sutil de sus caderas y hombros; fue entonces como la danza con la percusión de los tambores y la voz, se fue mezclando para crear la cumbia. La vela que la mujer lleva en su baile, era la luz de ubicación de aquellas indígenas que se estaban conectando con esta historia.

 La Cumbia es toda una interpretación de dos culturas ancestrales (afro e indígena), que se unieron con los trajes de los españoles que tienen una fuerte influencia gitana.

 La música es el mejor medio de autoconocimiento de nuestras raíces que marcan las costumbres, comportamientos, tradiciones y una gran parte de lo que somos.

 Nuestra voz es la voz de los ancestros que hicieron toda una lucha humana por el amor y la preservación de sus costumbres, y no por un dolor de exportación. Nuestros ritmos, vienen del Bullerengue africano que entró por Cartagena de Indias, y fue creando toda una cadena musical, principalmente influenciando la creación de nuestra querida Cumbia.

 Es por ello que esta percusión que nos hace ser reconocidos en diversos lugares del mundo, es la mejor muestra de nuestro misticismo español, africano e indígena. Es la vibración musical colombiana que nos puede acercar a un mundo espiritual. Es el patrimonio al que muchos le deben pasión. Es lo que somos.

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