Transportar mi mente, lograr dominarla y encontrar la droga alucinante de mi ser es algo que puedo lograr con la música en cualquier espacio del universo. Seguramente a muchos les sucede, pero analizando lo personalizado que puede ser entender este viaje, he escrito algo más íntimo.

No soy una persona con grandes conocimientos en la música y mucho menos cuando se habla de lo técnico. Por cuestiones de la vida, en cada paso que he dado (desde que nací) me he rodeado de personas sorprendentemente agiles para crear melodías y armonías que han logrado dar el básico conocimiento que tengo de este arte de la alucinación.

Uno que otro instrumento explorado con mi familia, amigos y novios han sido mi experiencia. Algunos talleres e interpretaciones en la niñez me llevaron a pensar, en algún momento de mi vida, que la música era la única forma de teletransportarse físicamente por el tiempo y el espacio. En estos momentos no creo que sea una idea tan zafada de la cabeza, porque a pesar de no llegar cómo cuerpo a un lugar, puedo llegar con mi mente y mis cinco sentidos a donde me apetezca.

Me animé a escribir este sentimiento cuando conocí, gracias a un e-mail que me envío la Universidad de los Andes, a una mujer de canciones melancólicas que logran sacarte una sonrisa. Un ser humano que te abre los brazos para conocer tu propia voz. La maestra de maestras: Lucia pulido.

Llevaba tiempo sin pensar en mi voz. Sin darle importancia a los sonidos que podía explorar con mis cuerdas vocales. Realmente había dejado a un lado cantar algunas letras que dieran otro respiro a mi alma, y no quería volver a pensar en algún tipo de taller referente a ello. Pero al encontrar en mi correo electrónico una invitación para realizar un taller gratuito con una de las artistas más emblemáticas de la música popular colombiana, fue imposible decir no.

Cuatro días de cuatro horas parecen no ser suficiente para aprender a cantar; pero puedo acreditar que son suficientes para identificar lo que realmente es tu voz.

“Las voces que vas escuchando en cada rincón siempre van a ser distintas, siempre van a depender del oyente. Ese cuento de las voces bellas es mandado a recoger” después de escucharnos presentar nuestras razones de hacer el taller, con esa expresión Lucia inició a envolvernos a conocer nuestra propia voz.

En este espacio en el que realizamos varias secuencias de ejercicios prácticos para la voz, y escuchamos diversos colores con propósitos totalmente distintos. Fue el espacio en el logré nuevamente conectarme con el deseo de hacer música especialmente para mi; no con el propósito artístico de la popularidad, pero si con el de escucharme y escuchar de otra manera lo que me rodea.

Más que un taller practico, la maestra Lucia Pulido, entró a ponernos en bandeja de plata la voz de cada uno de los que asistimos, señalando seguridad al momento de sacarla. Una voz que necesita de un calentamiento y algunos cuidados. Una voz que puede ser agradable para algunos y disgustosa para otros; pero que primordialmente nos lleva a preocuparnos más, por ese ser que dejamos en el olvido por estar pendientes de lo que queremos que los demás vean de nosotros.

Cada persona le da un uso distinto a la voz, pero pocos le dan cognición de todo lo que ella puede generar, del canal energético que puede transformar lo que haces. Y en ese momento en el que tomé conciencia de ello, es cuando la voz ha vuelto a enlazarse en mí, desde las puntas de los dedos de mis pies hasta las estimulantes sensaciones que salen de esta cabeza que por temor había reprimido el éxtasis de cantar versos al momento de comunicarme, tanto en mi vida real cómo en la surreal. (cuando hablo de la vida surreal, me refiero a los mundos que logro crear en mi mente. En este caso con la música)

La música cómo mundo de exploración inyecta en este momento de mi vida una sustancia de amor propio por los sonidos de mis cuerda vocales y el flujo de aire de mis pulmones, llegando a crear conciencia de una voz que no solo debe ocuparse para cantar o trabajar. La voz logra dar abrigo a todo un sistema de comportamientos cotidianos que dan función a la tranquilidad emocional y seguridad en nuestros argumentos.

Aquella mujer que también llegó a sentirse cohibida con su voz, que lucho contra la timidez escénica y se la guerreó con toda para lograr lo que quería hacer: cantar; y ahora ha despertado una conciencia delirante en cualquier tipo de sonido que deseo emitir, y seguramente despertó muchas otras cosas. Gracias Lucia por abrir otro canal en mis sentidos.

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